Una Novata En Un Cuento De Hadas (2027)
—Porque todos los cuentos necesitan un punto de vista externo para no volverse locos —dijo la bruja, lanzándole un calcetín de rayas—. Tu trabajo es simple: no intentes entender el "porqué". Aquí las cosas no pasan porque tengan sentido, pasan porque son hermosas, terribles o rítmicas.
Era la primera vez que Elara pisaba un suelo que no obedecía a la gravedad, sino a las rimas. Al cruzar el umbral del viejo roble en el jardín de su abuela, no cayó en un agujero, sino que aterrizó suavemente sobre un campo de margaritas que pedían perdón cada vez que ella las pisaba. Una novata en un cuento de hadas
Cuando el sol (que era una moneda de oro gigante) comenzó a ocultarse, Elara se dio cuenta de que sus botas de caucho ahora brillaban con un polvo plateado. Ya no era una extraña. Era parte de la narrativa, la nota a pie de página que hacía que todo el resto tuviera, mágicamente, un poco menos de sentido. —Porque todos los cuentos necesitan un punto de
—¡Ay! —exclamó una flor de pétalos amarillos—. Ten más cuidado, forastera. No todos los días viene alguien con botas de suela de caucho a interrumpir nuestra siesta. Era la primera vez que Elara pisaba un
Elara se quedó petrificada. No era el hecho de que la flor hablara lo que la desconcertaba —había leído suficientes libros para esperar eso—, sino que no sabía cuál era el protocolo. ¿Debía inclinarse? ¿Debía ofrecer agua? —Lo siento mucho —logró decir—. Soy nueva aquí.
—Se nota —suspiró un grillo que vestía un frac de seda azul mientras afinaba un violín minúsculo—. Llevas la lógica pintada en la cara. Esa es una enfermedad muy grave en estas tierras. Si intentas que dos más dos sumen cuatro, terminarás con un dolor de cabeza o, peor aún, convertida en una tetera.